PRENSA F1. Ronald Ratzenberger falleció trágicamente en la clasificación realizada en el circuito de Imola.
El tiempo no ha borrado el impacto de aquel sábado negro en el Autodromo Enzo e Dino Ferrari de Imola. Durante la sesión de clasificación, El austríaco Ronald Ratzenberger sufrió un grave accidente tras dañar el alerón delantero de su Simtek. Sin control, su monoplaza se estrelló a gran velocidad en la curva Villeneuve, en un golpe de consecuencias fatales.
Aquel 30 de abril de 1994 puso fin a una larga etapa sin víctimas fatales en la Fórmula 1 desde el accidente de Riccardo Paletti en el año 1982. La tragedia devolvió a la categoría a una dura realidad y anticipó un fin de semana que quedaría grabado para siempre en la historia del deporte.
Lejos de los focos mediáticos, Ratzenberger representaba el espíritu más puro del automovilismo. Nacido en Salzburgo, su camino hacia la élite no fue sencillo. Ingeniero de formación, apostó por su sueño en los circuitos, progresando desde los karts hasta trascender en la Fórmula Ford, donde logró el título británico en 1986.

PRENSA F1. El cuerpo inerte del piloto austríaco luego del terrible impacto del modesto Simtek.
Su carrera continuó en la Fórmula 3 y en las competiciones de resistencia, llegando a disputar pruebas tan exigentes como las 24 Horas de Le Mans. Sin grandes apoyos económicos, su llegada a la Fórmula 1 en 1994 con el modesto equipo Simtek, fue el resultado de años de sacrificio y perseverancia.
En 1994, la debutante escudería Simtek llamó a Ratzenberger después de fracasar en la contratación de Andrea de Cesaris y Jean-Marc Gounon. El austríaco financió su butaca con el dinero que había ganado en su paso por Japón, pero solo alcanzaba para cinco carreras.
Su primer Gran Premio fue en Interlagos, Brasil, donde no logró clasificarse para la carrera del domingo. En su segunda competencia, el Gran Premio del Pacífico en el circuito de Okayama, la experiencia obtenida en las categorías menores fue clave para llevar su Simtek hasta el 11º lugar.
El destino quiso que su historia quedara unida para siempre a la de Ayrton Senna, fallecido al día siguiente en el mismo trazado. Dos pérdidas que cambiaron la Fórmula 1 y aceleraron una revolución en materia de seguridad.